El comercio justo es un parche, no la solución
Como ya sabéis los que hayáis seguido el experimento alimentación, uno de los puntos que señalábamos como positivos en nuestro particular decálogo era elegir “comercio justo” en los casos que no encontrásemos solución local.
Tras leer la entrada Diez grandes objeciones al comercio justo, creo necesario hacer ciertas matizaciones a nuestro decálogo. Estoy totalmente de acuerdo con los diez puntos que se enumeran en el artículo, el comercio justo no es más que un parche, no la solución. El comercio justo realmente debería llamarse “comercio menos injusto”, ya que es en la actualidad lo suficientemente malo para no ganarse el adjetivo de “justo”. A su vez es una práctica insostenible en los términos actuales.
El problema que hay que solucionar esta claro: las desigualdades entre ambos mundos. El objetivo a perseguir también lo está: las relaciones comerciales se deben establecer de igual a igual y de manera sostenible. Es decir que tenemos que conseguir que todas las sociedades encuentren su estado sostenible de “bienestar” (las fórmulas únicas no sirven, hay muchas formas de entender la felicidad, tantas como casi culturas) y cuando libremente decidan comerciar con sus excedentes productivos (si los tuvieran) entonces proceder al comercio, ahora sí, justo.
Lo que hacemos ahora es llegar a un compromiso al no ser capaz de prescindir de algunos productos (mal hecho por mi parte). Por ello decido consumirlos de una forma menos injusta para el productor, pero esto nunca debe cegarnos en la lucha contínua porque el productor encuentre su felicidad particular y esté dispuesto libremente a comerciar conmigo.
A mi favor diré que los productos que yo consumo en la actualidad de comercio “menos injusto” son productos que no se pueden producir en Europa, es decir, cacao, té y café. A su vez paulatinamente nos estamos desenganchando de estas tres sustancias y las estamos sustituyendo por otras, en el caso del cacao por miel de nuestra provincia.
Es curioso como los tres componentes más habituales del desayuno se han convertido en costumbre arraigada cuando ninguno de los productos que tomamos los podemos cultivar aquí. Esto nos da una muestra de lo mal que está planteado el mundo en la actualidad y lo desbocados que vamos hacia nuestra autodestrucción.
Dejar un comentario 19 Febrero 2009