¿Qué es el capitalismo?
10 Febrero 2009
Creo necesario dedicar al menos una entrada a explicar qué es para mí (y para muchos otros que comparten conmigo la objeción al crecimiento) el sistema capitalista. Mucha gente al oír el término anticapitalista se le presentan demonios de otras épocas en forma de rancios comunistas que vienen a quitarle toda su propiedad privada, a violar a las mujeres y colectivizar los hijos. No se rían, hay gente que todavía piensa así.
Para los decrecentistas “el modelo económico capitalista no es otro que ese que conocemos todos y cuyos pilares fundamentales son la deuda y el consumo, ese que no puede existir sin visos de un crecimiento continuado y eterno” (cita extraída de Decrecimiento.info). Yo sinceramente creo que cualquier persona que tenga sentido común y que esté de acuerdo con esta definición le debería costar mucho, mucho, seguir creyendo en el capitalismo.
A todas luces vivimos en un mundo finito, con recursos finitos y formas de extraer la energía finitos. A eso debemos añadir el problema ya tratado de la superpoblación, por lo que creer en un sistema que para funcionar necesita del crecimiento infinito es creer en un sistema que condena a la humanidad a su autodestrucción en un plazo más o menos corto.
Apoyar el sistema capitalista supone condenar a millones de personas a una larga agonía hasta la destrucción. Agonía personificada en el yugo de la deuda que supone que unos pocos pueden vivir sin trabajar gracias a lo que prestan a la gran mayoría. Esta es una de las mayores injusticias que son socialmente aceptadas en la actualidad.
Este sistema necesita además al consumismo que añade al yugo de la deuda la insatisfacción del consumo innecesario al alma humana. Podríamos hablar de tres niveles de consumo: necesidad, deseo y caprichos. Cuando una sociedad basa la gran parte de su consumo en el capricho es que dicha sociedad esta profundamente enferma. Evalúen ustedes cuanto del dinero que no dedican a pagar la deuda es destinado a caprichos y cuanto a necesidades. Exacto, la televisión de plasma (este objeto se ha convertido en el blanco de todas las críticas), la consola, ese cochazo, los viajes a lugares tan lejanos, un par de vestidos al mes, etc… no responden a la necesidad de vivir. Y lo mejor de todo es que ninguno de ustedes, ni yo, somos más felices por tener más cosas. Incluso me atrevería a decir todo lo contrario, el deseo de objetos innecesarios puede ser motivo de infelicidad. Esa sensación de no haber triunfado socialmente. Esto es patético y creo que todos lo hemos sentido alguna vez en nuestra vida.
Pero hay motivo para la alegría, hay gente que estamos aprendiendo a ver la vida desde otro punto de vista y estamos experimentando la felicidad de las cosas pequeñas, de la simplicidad. Su nombre es DECRECIMIENTO.
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